lunes, 19 de febrero de 2018

Todo menos penalti

Dos partidos por el precio de uno y una victoria con sabor a parricidio. Así se podría resumir el encuentro Atlético de Madrid - Athletic de Bilbao que se saldó con un 2-0 a favor los locales pero escaso teniendo en cuenta el despliegue de méritos rojiblancos.

Como decía, la hinchada que llenó ayer el Metropolitano pudo ver por el precio de una entrada dos partidos contra dos rivales diferentes, según la parte en que nos fijemos. Doble sesión vespertina. 
En los primeros 45 minutos, si hubo alguien que estuvo presente en los pensamientos de la afición colchonera fueron la madre y el padre (no haré discriminación por sexo) de González González, quien evidenció sin nocturnidad pero con alevosía que es más fácil ver un penalti a favor del Atleti que un buen árbitro en un partido de la LFP. Así las cosas, tirando de incompetencia y chulería, el colegiado decidió erigirse en el gran rival del entonado conjunto madrileño ante el desempeño de los visitantes vizcaínos, el cual era tan atractivo como un festival de jotas maoríes. González González demostró por un lado que su relación con el reglamento es aún peor que la que tiene con Diego Costa y, por otro, que si eres cretino crónico el arbitraje es una magnífica salida laboral en España. Penaltis sin pitar, tarjetas sin sacar, faltas sin sancionar...un auténtico monstruo que llevó al graderío a padecer coprolalia y al equipo local a dudar entre cortarse las venas o cortárselas al árbitro.
En los restantes 45 minutos, con González González reducido a meros y nefastos cameos, el gran rival fue el propio tiempo cronológico porque había el peligro de que el incontestable buen hacer del Atleti quedara sin premio ante unos leones más propios de un circo que de San Mamés, teniendo en cuenta que hacían menos daño que una patada de un recién nacido (un Athletic sin Aritz Adúriz ni Raúl García es como una pistola sin balas). Quizá por eso, por aburrimiento o por entrar en calor, Oblak decidió parar el crono y la respiración de todo el personal al transformar un lío en dos recortes de los que ponen a prueba los desfibriladores que hay repartidos en los vomitorios del Metropolitano. El inesperado show de Oblak con los pies fue la mecha que hizo saltar por los aires el empate y llevó la justicia a un marcador que pudo y debió ser más amplio a favor de los locales. 

El Atlético no hizo un partido espectacular pero sí uno muy sólido, como en los buenos ¿viejos? tiempos. Gracias a eso, se pudieron ver bastantes buenas jugadas firmadas por los locales y a muchos jugadores demostrando por qué merecen la titularidad. Por eso, sería casi obsceno señalar para bien o para mal a algún jugador en detrimento del resto. El Atleti fue ayer lo que quiere Simeone y lo que premia el aficionado: un equipo que lo da todo en el campo para ganar. Y lo dio. Y ganó. Quizá el mejor termómetro del actual Atleti es Griezmann, que ayer volvió a dar un sensacional ejemplo de que se puede ser crack y obrero al mismo tiempo. Tal vez, mientras Koke siga sin resurrección, el francés sea la mejor opción para llevar el pánico a las líneas enemigas desde la mediapunta, teniendo en cuenta que la delantera con Costa y Gameiro parece bien cubierta hoy por hoy. Griezmann no marcó pero resultó decisivo para el triunfo de un equipo rojiblanco que ayer recordó a quien lo quiso olvidar que no sólo sabe pelear contra todos los elementos (arbitrajes, lesiones, etc) sino que además, cuando se pone, ofrece un fútbol tan agradable o más que la tarde que se quedó ayer en el Metropolitano con un 2-0 tras un partido en el que hubo de todo menos un penalti.    

domingo, 18 de febrero de 2018

El gran Bang-Bang

Este artículo no tiene nada que ver con la cosmología sino con la onomatopeya para simular el sonido de un disparo porque estas líneas no vienen motivadas por las profundidades del espacio sino por las de la condición humana.

Aclarado eso, me gustaría empezar con una breve reflexión: en el ataque a Pearl Harbor murieron más de 2.400 personas y EEUU lo utilizó como excusa para entrar en la 2ª Guerra Mundial y desequilibrar así la balanza en favor de los "aliados" (y de paso eclipsar el mérito de la URSS, que fue tan decisiva o más que la potencia norteamericana para parar al Reich nazi, y revitalizar la economía estadounidense a lomos de la industria armamentística); en el ataque a las Torres Gemelas de Nueva York murieron más de 3.000 seres humanos y EEUU lo empleó como casus beli contra el "terrorismo internacional" (llevando la guerra a Afganistán e Iraq en un chapucero intento para fortalecer sus intereses en ese avispero). Desde 2011, en EEUU el número de víctimas por bala ha superado los 200.000 y sólo en lo que va de 2018 las armas de fuego se han llevado por delante a más de 1.800 almas en yanquilandia. Hacer cuentas o prorratear estas cantidades por año, mes, semana o día pone los pelos de punta. ¿Qué tiene que pasar para que EEUU declare la guerra contra los tiroteos que desangran su propio país? ¿Sólo hay motivo para guerrear cuando el rival es otro y no uno mismo? ¿Sólo interesa lo bélico cuando detrás hay un posible beneficio económico?

Es cierto que EEUU es una nación que se forjó con una Biblia en una mano y un arma de fuego en otra y que las balas están presentes en el subconsciente colectivo y cotidiano yanqui de una forma muy arraigada debido a esos tiempos pretéritos en los que la paz terminaba más allá del umbral del "Hogar, dulce hogar". Pero eso no debe servir para convertir el contexto en excusa. En España, por ejemplo, también nos hemos dado de mecos entre propios o contra extraños a lo largo y ancho de la península y los siglos y no tenemos este problema con las armas (tenemos otros, como, por ejemplo, una concepción del sistema penal bastante ferial y contraproducente). No, el problema de EEUU no está sólo en que sus gentes son de gatillo rápido ni tampoco en la facilidad con la que cualquier iluminado puede adquirir una pistola, escopeta o fusil sino en que el lobby de las armas (Asociación Nacional del Rifle para los amigos) manda y mucho en EEUU (hasta el abominable Trump dijo hace no mucho que en él tenían un amigo) y cualquier cosa que perjudique sus intereses supone perder miles de dólares y votos. Habrá quien diga que también influye la "cultura de la violencia" (cajón de sastre en el que ciertos expertos mezclan videojuegos, ficción televisiva y telediarios), pero esa cultura tiene un alcance global y no hay ningún país que sufra este sindiós, descartando obviamente aquellos en los que las organizaciones criminales (como pasa en México) o las organizaciones paramilitares (tal y como sucede en varias regiones de África) o terroristas (véase Afganistán) hacen y deshacen a su antojo. No, el problema de las masacres en EEUU tiene que ver con la propia idiosincrasia yanqui. Es una especie de esquizofrenia que lleva a autolesionarse sin que nadie dé (o tenga el coraje suficiente para dar) con el tratamiento adecuado. Y es que el gran obstáculo contra el autoterrorismo estadounidense es la deliberada pasividad con la que se aborda porque parece que hacer algo para regular el acceso a las armas de fuego resulta algo antipatriótico. ¿Hay algo más antipatriota que cepillarse a conciudadanos?

Estos días corre por las redes un gráfico a medio camino entre el meme y el sarcasmo informativo según el cual si el terrorista es musulmán se prohiben visados, si es hispano se alzan muros en la frontera, si es afroamericano se aumenta el número de policías y prisiones y si es blanco pues todo se solucionan con "nuestros pensamientos y plegarias" están con las víctimas y sus familiares. Todas reacciones reales, todas erróneas. También hay algo de esto en los motivos por los que EEUU se autolesiona a tiro limpio: la condescendencia con la que, a la hora de la verdad, se aborda el asunto porque, más allá de liquidar al presunto culpable en el lugar de los hechos o en un centro penitenciario (y ojo que lo de pasaportar al hades a esos dementes me parece genial), parece que allí solucionan las cosas con mucho postureo lacrimógeno: memoriales floridos, declaraciones con rostro serio y palabras rimbombantes y tira millas...hasta la siguiente matanza. Esto, nos lleva a su vez a otro factor que tampoco hay que orillar a la hora de entender semejante bestialidad mortuoria: la prepotencia que lleva a EEUU a creerse pluscuamperfectos. Curiosa perfección la que provoca enterrar inocentes.

En fin. Que me encantaría que la futura muerte de Nikolas Cruz fuera el punto y final a los balazos en EEUU pero pensar que eso va a suceder es pecar de ingenuo. Esto sólo pasará cuando EEUU pase por el diván y asuma que su doctor Jeckyll tiene problema muy serio con el señor Hyde. Mientras tanto, el gran Bang estadounidense seguirá expandiéndose por el tiempo y el espacio de la misma forma que el cósmico. La diferencia es que éste trajo la vida y aquél sólo trae muerte.

domingo, 11 de febrero de 2018

La portavoza


Si el sueño de la razón produce monstruos, el del feminismo alumbra engendros. En contra de lo que podría parecer, no voy a dedicar el artículo a hacer ninguna semblanza o lapidación de Irene Montero porque siento el máximo respeto y admiración por alguien cuya oratoria rivaliza con la de Cicerón, cuyo corpus intelectual tiene único parangón en Kant y cuya valía deja en minucia a Clara Campoamor. No, ahora en serio, me parecería un abuso dedicar un artículo a cachondearme de esta mindundi que aspira a ser la versión "calimocho" de la siniestra Dolores Ibárruri cuando además la susodicha ya ha sido masacrada con guasa y sorna en las redes sociales. No. Hay cosas más importantes que ésa y que eso.

Cosas como por ejemplo denunciar el empobrecimiento y la intoxicación que la corrección política, la demagogia y la banalización electoralista de legítimas reivindicaciones están causando a un idioma tan rico, vivo y fértil como el español. Un síntoma claro de esto es la polémica parida de "los portavoces y las portavozas" perpetrada por Montero, la cual no deja de ser una anecdótica chorrada a añadir a esa galería de los horrores lingüísticos junto a "miembras", "jóvenas" y demás majaderías. Pero, como digo, es un síntoma de cómo la politización del lenguaje está echándolo a perder bajo una tromba de eufemismos estúpidos (ej: el otro día, TVE dijo "personas con capacidades diferentes" para hablar de discapacitados), palabros estrambóticos y desdoblamientos innecesarios. Innecesario, sí, porque no hay necesidad ninguna de convertir al femenino una palabra como "portavoz", cuyo lexema principal ("voz") ya es de género femenino.

Cosas como por ejemplo cuestionar la coherencia que lleva a diferenciar radicalmente entre sexos biológicos manipulando los géneros gramaticales de los sustantivos en aras de la consecución (legítima, necesaria, improrrogable, incuestionable y loable) de la igualdad material y efectiva de entre hombres y mujeres a nivel laboral, salarial y social. ¿Distinguir para igualar? ¿Separar para unir? Es como querer prepararte un colacao y verter la leche en un vaso y el cacao en otro. Sinceramente, me parece gilipollesca esta obsesión con desdoblar sustantivos que tienen algunos presuntos paladines de la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres. ¿Se soluciona la discriminación laboral, salarial y social retorciendo el lenguaje? ¿Se acaba con el machismo ampliando innecesariamente el diccionario? Honestamente, creo que si alguien se siente incómodo con un sustantivo de significado inclusivo sólo por el género de dicho sustantivo el asunto no tiene nada que ver con el antagonismo machismo-feminismo ni con la reivindicación de la igualdad ni con la visibilización de la mujer sino con un problema de tipo psicológico, como cualquier fobia o filia. Por ejemplo, yo me siento tan tranquilo y representado cuando alguien dice "la humanidad" o "la especie" como cuando se emplea "el ser humano" o "el hombre". Igual que no me salen sarpullidos si alguien me denomina como "periodista" ni entro en shock anafiláctico si se me califica como "urbanita" ni tengo una angina de pecho al sentirme aludido cuando alguien dice "hinchada colchonera". Querer ver problemas donde sólo hay palabras es como ver gigantes donde sólo hay molinos, y no precisamente por un empeño quijotesco sino por un cipitostio mental de quien confunde velocidad y tocino, churras y merinas, culo y témporas. De seguir las actuales trazas de querer dar soluciones gramaticales a problemas que requieren únicamente revulsivos legislativos y educativos, lo único que se va a conseguir es saturar y enfangar un idioma como el español y una lengua como la castellana. La igualdad efectiva y real entre hombres y mujeres no pasa por reformar el diccionario ni la gramática española. Pasar por reformar leyes y conciencias. En ese sentido, flaco favor hace a la lucha por la igualdad entre sexos y la visibilización de la mujer quien dedica su esfuerzo y tiempo a juguetear con el idioma de una forma burda, cutre y chapucera. ¿Se imagina alguien cómo reaccionaría el personal en general y las pseudofeministas en particular si un grupo de hombres liderara una reacción "a la Tabarnia" y empezara a reclamar urbi et orbe el uso de vocablos inexistentes en género masculino como "periodisto", "poeto", "atleto", "articulisto", "estilisto", "cerebra", "taxisto", "criaturo", "persono" y paridas similares? Las mujeres no necesitan que cambien las voces del castellano sino que, como diría el poeta, se les dé la voz y la palabra...a ser posible no para decir memeces sino para demostrar que en este mundo no puede haber más discriminación que la basada en el mérito y la valía.

Cosas como por ejemplo aclarar a algunos tarugos y algunas lerdas que no es el diccionario de la RAE el que hace a la sociedad española sino que es la sociedad española la que hace al académico diccionario. Éste no es otra cosa que un recipiente que recoge y refleja nuestro idioma: va a rebufo de la sociedad, no en vanguardia. Por eso, sandeces como decir que el diccionario es machista y hay que cambiarlo no sólo evidencian un profundo desconocimiento de cómo funciona el asunto sino que equivocan el tiro y la diana. Cuando la sociedad cambie (y, ojo, debe cambiar), el diccionario cambiará. Punto. ¿Que es más fácil hacer críticas facilonas y demagogas que impulsar cambios legislativos que solucionen de raíz la discriminación contra las mujeres? También. Pero cada persona llega hasta donde se lo permite su vergüenza y su cerebro.

En resumen, si el verdadero feminismo (que es una cosa bien distinta al que reivindican las despelotadas de FEMEN y la "postureante" progresía española), ese que puede y debe implicar a cualquier mujer y hombre de bien, depende de gente como Irene Montero, apañado va.

lunes, 5 de febrero de 2018

El difícil arte de levantarse

Este artículo no va de lo que pasa cada lunes en cuanto te desconectas de la almohada. Ni de lo que pasa un domingo tras un febril sábado noche en el que cultivaste con esmero la resaca. Ni de lo que pasa la mañana siguiente a perder el trabajo o la pareja. Ni de lo que pasa al primer amanecer tras enterrar a un ser querido. Pero algo de eso tiene.

Al Atlético de Madrid muchos, dentro y fuera de la afición rojiblanca, le habían dado por caído tras sus merecidas eliminaciones en Liga de Campeones y Copa del Rey. Y es cierto: cayó. Pero no menos cierto es que el Atleti tiene el ADN de Luis Aragonés y la sangre de Diego Pablo "Cholo" Simeone, dos virtudes que hacen imperdonable olvidar que cuando este equipo cae, siempre se levanta. Aunque cueste, aunque dé pereza, aunque duela, aunque la melancolía sea un veneno apetecible, aunque apetezca chapotear en el charco de la autocompasión, aunque seduzca la idea repartir metralla en 360 grados, aunque lo cómodo sea mandarlo todo a la mierda, aunque lo fácil sea quedarte a oscuras por decisión propia...el Atleti se levanta, porque no son las victorias las que definen a un auténtico campeón sino las veces que se levanta tras caer

Y eso, levantarse, es lo que ha hecho el Atlético de Madrid en los dos últimos partidos de Liga contra dos rivales tan dignos como inocuos. En este levantamiento ha sido clave la actitud de los jugadores quienes, con o sin "cholina" mediante, han demostrado un orgullo propio de aquellos espartanos que escribieron su leyenda en las Termópilas. La verdad es que el contexto emocional en que se ha jugado contra Las Palmas (3-0) y Valencia (1-0) ha sido claramente bipolar: o "Toma de La Bastilla" o "Te quiero Atleti lo-lo-lo-lo-lo-lo". Afortunadamente ha sido lo segundo. Y ha sido así gracias no sólo a la profesionalidad de los jugadores (para eso se les paga) sino al compromiso que han demostrado con todos esos intangibles que pesan tanto en el corazón y el recuerdo de los hinchas. El Atlético estará más o menos afortunado en los pases y los tiros pero hoy por hoy sólo un imbécil podría cuestionar que cada jugador, dentro de su singularidad, capacidad y circunstancia, está demostrando el coraje, el corazón y la dignidad suficientes para vestir la rojiblanca. En el momento más oscuro de la presente temporada, cuando los carroñeros ojeaban ya el menú, cuando los haters inauguraban aserraderos de árboles caídos, cuando los medios de comunicación sólo prestaban atención al equipo para sembrar cizaña y esparcir humo y mierda, cuando muchos "nuevos colchoneros" pecaban del mismo clasismo y oportunismo que los vecinos merengues, cuando algunos tenían la tentación de agachar la mirada...el Atleti ha vuelto a levantarse (y van...). Un zasca sin estridencias ni postureos, pero un zasca en definitiva a todos aquellos que no lo pueden entender ni saben qué se siente. Un giro de guión para incrédulos que sabe al alimento preferido por la hinchada rojiblanca: orgullo.

Naturalmente, tras estas dos oportunísimas victorias, hoy más que nunca hay que ser fieles al mantra cholista del partido al partido y abandonar toda ciencia-ficción de barra de bar. Pero hoy también hay que decir que los chicos del Cholo se merecen un "gracias" de parte de muchos y un "perdón" por parte de otros tantos. ¿Por qué? Por convertir los miedos y las críticas en aplausos y sonrisas. Por ganar contra todos los elementos: las lesiones, los deméritos propios, la presión, la prensa, los bocachanclas, el frío, la lluvia, la nieve, los árbitros...Cuestión curiosa esta de los árbitros, por cierto. No conozco ninguna profesión donde tanta negligencia quede tan impune. Sólo hay una cosa que me asombra más que ver cómo los árbitros conservan su sueldo: contemplar cómo se pavonean cual torero en Las Ventas pese a fallar una vez sí y otra también por reinterpretar el reglamento a su libre albedrío de tal manera que si un portero sale a por uvas y revienta la cara a un jugador rival en el área no es penalti (¡Ánimo, Godín!). Gilipollas del mundo, no lo dudéis: el arbitraje es vuestra mejor salida profesional. 

Acabo ya. Yo no sé qué logrará el Atleti esta temporada. Tampoco me quita el sueño. Pero lo que sí sé que es más fácil soñar cuando aprendes algo positivo y útil para la vida: que caer es la excusa perfecta para levantarte, que esto de vivir no consiste en lo que te pasa sino en qué haces con lo que te pasa. Y el Atleti, con todo lo que le está pasando esta temporada, sigue siendo ese equipo único, entrañable y apasionante que hace fácil lo difícil, como, por ejemplo, levantarse. ¡Aúpa Atleti!

domingo, 4 de febrero de 2018

Un día para el carpe diem

Hoy es el Día Mundial contra el Cáncer. Una conmemoración que puede parecer "innecesaria" para una de las enfermedades por desgracia más conocidas, comunes y devastadoras en nuestra sociedad. Ahí están las cifras para contarlo: en España, el cáncer afectó sólo en 2017 a cerca de 230.000 personas, está en el podio de causas de estancia hospitalaria, es el principal responsable de las muertes en hospitales (casi el 25%) y una de las primeras causas de fallecimientos en nuestro país. Así las cosas, resulta complicado encontrar a alguien que viva ajeno a esta maldita enfermedad. Todos conocemos a personas con cáncer y todos hemos perdido por el cáncer a personas cercanas y/o estamos cerca en lo afectivo de gente a la que esta enfermedad ha privado de un ser querido. Por eso, todos sabemos que el cáncer no es sólo lo que hace con tu cuerpo, ni tampoco con tu economía (agrava o aboca a la pobreza a cerca de 25.000 personas al año) o con la gente a la que quieres sino lo que hace con tu psique, que no es otra cosa que ponerla a prueba mientras revisas tu propio expediente biográfico, peritando tus hitos y fracasos, tus alegrías y tus penas, tus aciertos y tus carencias, tus oportunidades aprovechadas y tus oportunidades perdidas. El cáncer es quizás uno de los recordatorios más crueles de que vivimos colindando con el vacío, de que la muerte no sigue guiones, de que la existencia es una evaluación continua, de que diferir, postergar o retrasar algo es el atajo más corto a que se nos quede en el tintero, de que lo humano no es divino sino biológico, de que la vida no (te) espera. Dicho otro modo: es una de las más brutales actualizaciones del célebre memento mori latino con el que, en la Antigua Roma, un humilde siervo recordaba al triunfal general su condición mortal para atajar cualquier regodeo en la soberbia. Es, a pesar de las "esperanzadoras" estadísticas (el 53% de las personas con cáncer en España se cura), una de las principales encarnaciones de la Muerte y eso saca de nosotros los pavores más ancestrales del ser humano, de modo que no pocas personas ven en esta enfermedad un tabú, un motivo para el eufemismo o una razón para el temor reverencial, como si fuera la Santa Compaña. Y, no, no estoy escribiendo desde el postureo ni con un afán retórico porque yo no soy ajeno al cáncer: un familiar muy cercano y una buena amiga de mi familia han padecido esta enfermedad, la misma que ha roto el corazón a amistades a las que quiero. Así que no, esto no es un bla-bla-bla. 

Hace no mucho, una persona a la que conozco bien fue diagnosticada de un cáncer complicado, adjetivo que puede resultar redundante pero que agrava ese frío que provoca el merodeo del Tánatos. Recuerdo que, al saberlo, tuve una reacción rara por lo siguiente. Siendo honesto, no puedo decir que se trate de una persona a la que aprecio, porque se ha ganado a pulso mi más gélido e irremediable desafecto tras haberme perjudicado deliberada, injusta y profundamente en lo profesional y en lo personal hasta tal punto que es casi imposible explicar mi Tártaro actual excluyendo a esta persona. Por eso, he pasado años ciscándome en su estampa cada vez que su recuerdo venía a visitar mi mente. Pero, como la vida es experta en sorprenderte a base de zascas, al conocer que esta persona tenía cáncer lo primero que sentí fue pena por sus allegados y lo segundo fue compasión por ella. Sin hipocresías: lo sentí y lo siento así. ¿Por qué? Por un lado, porque sería inhumano no empatizar con cualquier individuo que esté atravesando un trance así y, por otro, porque creo que si finalmente el cáncer mata a esta persona (espero que esté dentro del 53% de supervivientes que citaba antes), habrá perdido la oportunidad de enmendarse, de rectificar, de afinar su biografía, de reparar todos sus errores, vilezas y cabronadas, de ser mejor, de desequilibrar su balanza biográfica en favor del lado de los aciertos. ¿Por qué comparto esta anécdota personal? Porque pienso que esta enfermedad tan extendida y cruel puede y debe hacernos reflexionar sobre lo que hacemos con nuestra vida cuando estamos sanos. Porque el cáncer no sólo es memento mori sino también, y quizá sobre todo, carpe diem, locución que no sólo invita a disfrutar de la vida antes de la muerte sino a no malgastarla, a aprovecharla, a hacer que nuestra vida cuente para nosotros y para quienes forman parte de ella, a lograr que nuestra vida merezca la pena de nuestra muerte. ¿Cuántos minutos, horas, días, semanas, meses, años desperdiciamos nuestra vida en cosas que no llevan a ninguna (buena) parte? Pues eso. Que la enfermedad sea un espejo en el que lamentarnos o reprocharnos sigue siendo uno de los grandes fracasos del ser humano. Si hay que irse de este mundo, que sea con la conciencia tranquila, la cabeza alta y la sonrisa en la cara.

Por eso, creo que sería estupendo convertir cada 4 de febrero en una celebración que invite al carpe diem, a la reflexión constructiva. Pero pienso que, aún mejor que eso, sería convertir cada Día Mundial contra el Cáncer en el homenaje a esas personas que, dentro y fuera de esta enfermedad, la combaten sin más propósito que el de hacer un mundo mejor...y para honrar a quienes perdieron esa batalla pero ganaron nuestro recuerdo.