lunes, 25 de junio de 2007

Porque me sale de las cuotas

Por cuota. Este es el sinónimo políticamente correcto de "por narices". Y, por querer precisamente imponer algo por cuota, la industria cinematográfica patria anda bastante revuelta. Y es que un proyecto de Ley ha conseguido lo que no ha logrado el "top manta" ni la piratería online: Que casi todos los cines echen el cierre. Bueno, de acuerdo que sólo fue un día, pero acongoja un rato. La propuesta no ha gustado a casi nadie y entiendo tanto a unos como a otros, especialmente a los exhibidores. Lo malo de todo esto es que me temo que lo peor está por llegar...Básicamente, la polémica se puede resumir en que el documento alumbrado por el Ministerio de Cultura obliga a proyectar una película española o europea de cada cuatro exhibidas. Lo cual demuestra que alguien en el Ministerio de Cultura no va al cine en los últimos decenios o no comparte absolutamente el gusto del resto de mortales cinéfilos...porque si ya las películas españolas atraen poco, las europeas ni te cuento...
En España tenemos grandísimos profesionales: directores (Pedro Almodóvar, Alejandro Amenábar, Isabel Coixet, J.L.Garci...), actores (Jordi Mollá, Javier Bardem, Fernando Fernán Gómez, Alfredo Landa, Carmelo Gómez...), actrices (Carmen Maura, Paz Vega, Emma Suárez, Candela Peña...), técnicos (Javier Aguirresarobe, Reyes Abades...) e incluso actores de doblaje. Y para hacer aún mejores a todos los citados, incluso tenemos a dos fulanas infumables y un gañán muy listo, pero tranquilidad, que hoy no hablaré de Penélope Cruz, Elsa Pataky ni Santiago Segura. Como decía, en España tenemos muy buenos ingredientes para hacer un cine fetén...pero no se hace. Quizás es que es mejor llorar y poner el cazo que preocuparse por hacer cosas interesantes. Desde hace demasiados años, el 99% de las películas españolas se pueden catalogar en dos categorías: el tostón (donde van a parar la mayoría de los "dramas") y el bodrio (etiqueta característica de la comedia española desde los tiempos del "landismo"). Y todo lo que no se pueda catalogar en ninguna de estas categorías, es una rareza que, ¡oh sorpresa!, suele funcionar bastante bien en taquilla y agradar por igual a público y crítica.

Que se ve poco cine español es algo en lo que estamos todos de acuerdo. Que el cine español deja bastante que desear es algo en lo que deberíamos estarlo también, pero no es así y no lo es porque el cine español está controlado en el fondo por una caterva de caraduras, genios de saldo y esnobs de diseño, apoyada por un séquito de extraterrestres en el nirvana, comúnmente llamados "críticos". El problema del cine español no es el top manta ni la piratería internetera. El problema del cine español es su desarraigo con el sentir general del público, su nula capacidad autocrítica (como el bardo de Astérix), su gusto por un esnobismo superfluo, idiota y borreguil; y su bochornosa falta de originalidad tanto en las tramas como en las formas. Si a eso añadimos que determinadas figuras del cine patrio se ganan la aversión de una parte de la sociedad gracias a su faceta "panca-artista", pues ponte tú a animar a la gente a ver cine español. Tararí-que-te-vi. ¿Y quiénes son los primeros en sufrir al cine español? Pues, descontando a los incautos que se metan a ver cualquier película sólo por el hecho de ser española, los exhibidores. Normal que estén que trinen con el tema de la cuota.
Si los argumentos de las películas españolas no parecieran sacados de un programa como "Diario de Patricia" o ensoñaciones de un drogadicto o borracho, otro gallo cantaría. Ni dramones familiares, ni repúblicas idealizadas, ni revanchismo postbélico, ni tediosas crónicas urbanas, ni psicodelías ininteligibles, ni naderías travestidas de película, ni frikis haciendo el tonto, ni films con más palabras que imágenes. En España no se necesitan sandeces como esas. Aquí se necesita cine interesante y original. Tan sencillo como eso.

Si de verdad el Ministerio de Cultura quiere solucionar el problema del cine español, que se siente a hablar a los ojitos a los productores, directores, guionistas y actores, porque así quizás más de un bandolero con corbata y jeta con gafas de concha negra se vaya a su casa y no vuelva a salir de ella, por respeto a los amantes del buen cine. Toda la industria cinematográfica española debería dejarse del fácil e injustificable discurso victimista del artista esnob e incomprendido, porque si no, acabará como Asurancetúrix en los cómics de Astérix: apartado y detestado por los suyos.

En cuestión de arte, como es el cine, el gusto de las personas no se conquista con leyes-calzadores sino con talento y calidad, porque, a la postre, el público va a ver lo que le sale de las cuotas. Sus cuotas, no las del Ministerio, claro.

1 comentario:

Anónimo dijo...

HOla! a mi me encanta el cine español, es mucho más humano, prefiero esas peliculas dramáticas españolas, a las fantasiosas producciones americanas.
bsss
nagore