martes, 20 de julio de 2010

El bienquedismo

Bastardo de las hipócritas convenciones sociales y del interesado fariseísmo relacional, el bienquedismo es hoy una práctica muy extendida, ya hablemos del ámbito laboral, familiar o personal. ¿En qué consiste? Si dijera que consiste en buscar con denuedo la aprobación y simpatía general, estaría obviando sus aspectos más patéticos y reprobables. A saber: El ruin interés en "no cerrarse ninguna puerta" y la cobarde vocación de no entrar en conflictos bien para no perder tajada, bien para sacarla ajena (algo que le emparenta con otra actitud miserable como es la tibieza).

El "bienqueda" jamás hará nada que moleste a alguien. En lugar de eso, hará conscientemente cosas que complazcan a todo el mundo, aunque sean entre sí enemigos acérrimos, porque "oficialmente", a un bienqueda le cae genial todo el mundo. Quiere caer a todos en gracia y que nadie piense mal de él y actúa en consecuencia. Por decirlo con ejemplos: invitaría sin inmutarse a su bautizo/comunión/boda a Caín y Abel y a Rómulo y Remo, hablaría con el mismo afecto a Jesucristo que a Judas, daría las mismas palmaditas en la espalda a Leónidas que a Efialtes, aplaudiría las chanzas de César con la misma alegría que los comentarios de Bruto, loaría con entusiasmo la figura del rey Sancho que la de Vellido Dolfos, daría la misma coba a Hitler que a Theodor Herzl, animaría a Zapatero y a Rajoy por igual, le caería igual de bien Calígula que Gandhi, o asistiría con la misma entereza a una reunión del Ku Klux Klan que a una de los Panteras Negras.

Los "bienquedas" son especialistas en hacer malabares con las relaciones y no salir mal parados; son devotos de poner una vela a Dios y otra al diablo, por lo que pueda pasar; son tahures sentimentales; son eunucos de valentía y capacidad crítica; son la sonrisa perenne y hueca; son maestros en regalar los oídos de la gente; son los primeros en dejarte en la estacada y los últimos en reconocerlo; son la mentira disfrazada de cordialidad, el engaño vestido de empatía.

Lo peor no es que sean así, que tiene tela..., sino que obligan a adoptar al resto de la gente sincera y honesta posturas o reacciones que se pueden confundir - errónea y frecuentemente - con la mala educación o la brusquedad, lo que, a su vez, da pábulo a la camarilla de hipócritas y/o lamenalgas que suelen florecer a su vera.

Entonces ¿qué hacer? Pues pasarse por la quilla el "qué dirán" y afear con elegancia su miserable forma de relacionarse. ¿Cómo? Dándoles de lado, desterrando cualquier afecto o consideración que se pueda tener por esas personas, contribuyendo humilde y personalmente a obsequiar el premio que se merecen los "bienquedas": la soledad; en definitiva, haciendo bueno ese sabio refrán castellano que reza: "El mejor desprecio es no hacer aprecio".

Como pasatiempo estival, invito al lector a que elabore mentalmente una lista de personas que se ajusten a lo aquí indicado y así sabrá cuánto lastre debe soltar en su vida social. Y no, no hace falta que me den las gracias. Ja,ja,ja.

4 comentarios:

Cyrano dijo...

Javi en su rotunda Atalaya acaba de definir la tónica de las relaciones laborales y la política fomentada desde los departamentos de Recursos Humanos, donde destruyen y agostan la vida de las personas con la lacra del bienquedismo tóxico y de insuficiencia salarial.

Susan MB dijo...

Muy buen artículo. Así al grano como a mi me gusta

Nema Varg dijo...

Totalmente de acuerdo. Chapó!

Anónimo dijo...

Has definido a Terelu Campos!!!
Clavadita,oye.